Olmué
Ruta de Darwin
Cuando el velero Beagle -de la Real Marina Británica- zarpó del puerto de Playmouth, el 27 de diciembre de 1831, al mando del capitán Fitz Roy, iniciaba un periplo global para estudiar las costas de Sudamérica, polinesia, Nueva Zelanda y Australia con la misión de elaborar el más completo de registro de los territorios visitados, poniendo especial énfasis en la flora y fauna, así como las características físicas y culturales de sus habitantes.
Con este magno propósito venía a bordo el joven naturalista de 22 años, Charles Darwin, quien sostenía una teoría antagónica a la versión de la Biblia, la que afirmaba que el planeta había sido creado en 7 días, sin que las plantas y animales hubiesen sufrido transformación desde aquel momento.
Después de casi 5 años recorriendo e investigando los territorios señalados -de los cuales paso 18 meses en Chile- Darwin dedicó los siguientes 20 años en Inglaterra estudiando los numerosos apuntes y colecciones de las especies recolectadas. Fruto de su paciente y prolongado estudio postuló la teoría de las especies, la que establece que cada especie está en permanente evolución, de la cual sobreviven sólo los mejor adaptados, para enfrentar las siguientes variables condiciones de vida.
Durante su navegación por la costa de Chile. Procedente de Magallanes, Chiloé, Valdivia y Concepción, en la que realizó exhaustivos estudios de la flora, la fauna y la geología, así como los pueblos encontrados en cada lugar visitado, llegó a Valparaíso, en julio de 1834, donde permaneció 9 meses recorriendo sus cerros desde los cuales le llamó su atención la magnífica vista de la cordillera de Los Andes y del Volcán Aconcagua. A continuación se dirige hacia Viña del Mar y posteriormente hacia el pie del cerro La Campana. Atraviesa una región formada por aluviones ricos en minerales de oro y llega a dormir a la ciudad de Limache, la que describe como un conjunto de chozas desparramadas por las orillas de todos los arroyos que procuran los medios de vida lavando oro. Al día siguientes muy temprano Darwin retoma el camino hacia Quillota, distante 30 kilómetros.
Durante el trayecto le impresionó el contraste que representa el valle agrícola rodeado de montañas. Incluso señala que el que dio el nombre de Valparaíso debía acordarse en aquellos momentos de Quillota, cuyo valle agrícola aún es famoso por su producción de paltas, chirimoyas, lúcumas y tomates.
En Quillota, Darwin mostró de inmediato interés por subir a La Campana, de 1910 metros de altura para estudiar su geología y observar el escenario desde lo alto. El comenzó su recorrido por el sector de San Isidro, específicamente desde las casas patronales actualmente ocupadas por la Escuela de Caballería del Ejército de Chile.
En palabras de Darwin: “El mayordomo de la hacienda es lo bastante amable para facilitarme un guía y caballos reposados, y partimos de madrugada con el fin de efectuar la ascensión a La Campana. Los Caminos son horribles, pero las particularidades geológicas y el espléndido paisaje que a cada instante se descubre compensan nuestras fatigas”
Con los faldeos del Cerro La Campana completamente cubiertos de bosques compuestos de una gran variedad de árboles y arbustos, la senda que siguió Darwin se interna en la más tupida selva, desapareciendo la huella, cubierta por la vegetación.
Durante la ascensión Darwin nota que sobre la vertiente septentrional no crecen sino zarzas, en tanto la vertiente meridional está cubierta de un bambú que llega a alcanzar hasta 15 pies de altura. El asciende por estos senderos, siempre por el interior de la selva que tapiza las laderas hasta casi dos tercios de la altura de la montaña.
Luego de 10 horas de viaje Darwin pasa la noche en un lugar denominado el estero del Guanaco. Desde allí el naturalista observa a lo lejos Valparaíso y los buques en la bahía, (están a una distancia de 26 millas a lo menos). Al otro día luego de un reponedor descanso en la aguada del guanaco, Darwin prosiguió el ascenso hacia la cima de La Campana, cuyas laderas son cada vez empinadas, lo que obligó al naturalista a continuar a pie los últimos 300 metros. Sin duda el más grande y dominante de los árboles que encuentran los expedicionarios es el roble, una especie de notofagus que bota sus hojas durante el invierno y que habita en Chile desde esta región hasta Chiloé.
Fuente: Libro "Parque Nacional La Campana", Textos Periodísticos Vivian Correa










